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Ciberagencias de empleos

 

Teletrabajo

Son las plataformas de trabajo. Los portales a donde acude la gente, se registra y por una cantidad en dólares que jamás es módica cuando se convierte a pesos mexicanos, se obtiene información de empresas que solicitan los servicios de un trabajador o un profesional de cualquier parte del mundo para que haga el trabajo sin tener que ir a la oficina, sin que estén en el mismo país, sin generar una relación laboral y manejando cada uno sus tiempos y eligiendo cuánto están ambas partes dispuestas a pagar y/o cobrar.

Si los países se crearon en la Europa medieval para pasar por encima de las leyes de los feudos porque estorbaban al desarrollo del comercio, ¿por qué en este siglo XXI querrían privarse los empresarios y comerciantes de abaratar los costos que significa obedecer una Ley Federal del Trabajo?

Esto es real, a cualquier dueño de un emporio le mencionan “derechos humanos” y entiende “derechos urbanos”; es decir segundos pisos, corredores culturales, edificios corporativos, tecnología de punta que sólo estará al alcance de las masas cuando esto implique un beneficio para las clases económicamente dominantes.

A esto ha obedecido la creación de sitios como Workana, Nubelo, Upwork o Freelancer. En ellos tanto quien busca trabajo como quien desea contratar a alguien se registra como usuario, expone sus proyectos, ofrece sus servicios y celebra los tratos. La plataforma, en caso de cualquier disputa funge como árbitro en la resolución de los desaguisados. ¡Agencia de colocaciones y sindicato fusionados en una sola oficina! Virtual, pero oficina al fin.

Y desde luego, las ocupaciones del mundo empresarial de antaño han cambiado de nombre: la Secretaria es ahora una Asistente Virtual, Community Manager si se recibió de Ejecutiva Bilingüe. Agente de Atención al Cliente es más glamoroso que Telefonista… hay también Diseñadores Web, Profesionales de la Publicidad en Google y Facebook, Traductores y Transcriptores.

Desde luego la educación va galopando y de la Escuela Comercial Cámara de Comercio, que estuvo a punto de verse opacada por las Academias Vázquez y el Instituto Maurer, hace su triunfal arribo en sitios como Virtualia que ofrecen capacitación, título y bolsa de trabajo.

Como en toda escuela que se respete le venden al alumno la idea de una vida holgada, con súper ingresos desde la comodidad de su casa, sin el agobio de tener que vestirse y trasladarse para estar a una hora exacta en un lugar determinado y permanecer ahí ocho horas o más.

Para todos esos ciber puestos se pide lo que antes se esperaba del trabajador común: que busque siempre nuevas oportunidades de mejorar cada día, pero que permanezca cumpliendo con lo que se le ha asignado.

Que tome iniciativas, que mueva fichas siempre y cuando le sirvan para permanecer en su zona de confort. Que aprenda y avance, pero que siga ejecutando sus tareas de la misma manera. Que tenga visión a corto, mediano y largo plazo y que prevenga las adversidades que le eviten disfrutar del viernes, las vacaciones y la jubilación. Que sea creativo, que vea en cada problema una oportunidad para que no salga perjudicado. Deberá ser extrovertido, hablar con seguridad de sus talentos con la condición de que no lo haga con su jefe. Y lo más importante: debe estar auto motivado para trabajar día a día, tolerar la frustración y no aspirar a una recompensa económica o de tiempo.

 

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Insurrección PTC

Bien podría decirse que esta es la revolución del siglo XXI. Equiparable, sin temor a equivocarse, con la Revolución Industrial Inglesa. Esas son las proporciones de todo lo que implica.

Ya no hay que preocuparse por los pasajes de ida al lugar de la empresa y vuelta a casa, ni por tener una buena presentación. En bata, chanclas y con la cocina patas p’arriba, es posible ejecutar todo el trabajo de oficina, que ya no consiste en tomar los dictados de un jefe, sino en cosas tales como favorecer el tráfico de anuncios, de todas esas ilusiones de una gran montaña de dinero, productos milagro, estilos de vida utópicos.

Por unas horas, contemplamos en las páginas Paid To Click ese desfile de bienestar social y económico, pero, cuando volvemos al inicio, a nuestra cuenta y vemos el .02150 que se ha generado, aterrizamos en desear que salga, al menos, para pagar el teléfono.

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