Los feudos en este mundo, los burgos en el espacio

En el siglo V antes de Cristo, los habitantes de lo que hoy es el Gran Ducado de Luxemburgo no sabían ni que estaban en los tiempos del neolítico. ¡Menos iban a saber que vivían en lo que ahora llaman algunos historiadores el Luxemburgo céltico! Trabajosamente acertaban a combinar troncos, paredes de cestería revestidas de fango y cañas o paja para los techos de sus oppidum.

Como además nos dejaron cerámica, cuchillos y algunos objetos de joyería podemos hacernos una idea de la forma de vida que tenían. Su relación con el dinero data del comienzo de sus tratos con el imperio romano, allá por el 53 antes de Cristo.

Conocieron la moneda al trabajar como mercenarios de Julio César, aunque siempre la vieron como una forma de acumular riqueza. Es decir como un objeto que desempeñará las funciones de un lingote. En algunos yacimientos arqueológicos como Grevenmacher  se han encontrado herramientas de metales preciosos y monedas incrustadas; cualquier semejanza con las ostentaciones de los capos de hoy en día es mera coincidencia.

La habilidad para negociar de los antiguos Trévires empezó a verse cuando terminó el siglo I antes de Cristo: tenían una cordial relación con sus colonizadores romanos a pesar de que se habían rebelado contra ellos en dos ocasiones.

Y volvieron a demostrarla ya como luxemburgueses modernos en el siglo XX, durante las invasiones de Alemania en su territorio.

En la Primera Guerra Mundial, con la Gran Duquesa María Adelaida al frente del gobierno, salieron bien librados de las acusaciones de colaboracionismo que les lanzaba Francia, quien más tarde se unió a la bolita de los países que rescataron a Luxemburgo.

En la segunda conflagración, al expulsar a los nazis en enero de 1945, el censo realizado por las autoridades rebeló que de una población de 293,000 ciudadanos antes de la guerra, únicamente 5,259 personas perdieron la vida. ¡Si eso no es cuidar a la gente, que me digan qué cosa es!

Hoy se hablan tres idiomas oficiales en el Gran Ducado: francés, alemán y luxemburgués, de tal manera que en todas esas lenguas con sus respectivas traducciones al español, inglés, portugués, árabe, chino, hebreo, coreano, ruso, japonés y etcétera, avisaron que desde febrero de 2016 se decretó una iniciativa pública de inversión en minería espacial, centrada principalmente en la tecnología extractiva en asteroides.

El marco legal para incentivar que los operadores que tienen su base en el país se dediquen a ese negocio, está puesto en marcha. Quien les asesora en el proyecto es el ex director general de la Agencia Espacial Europea, Jean Jacques Dordain.

Hay en Estados Unidos dos empresas que están ya estudiando asteroides e incluso recogiendo muestras del suelo y el subsuelo de dichos cuerpos celestes. Son la Deep Space Industries y Planetary Resources.

El primer ministro de Luxemburgo, Etienne Schneider, manifestó que el objetivo es acceder a la riqueza hasta ahora inexplorada de los recursos minerales que transitan por el espacio, sin dañar los hábitats naturales, por consiguiente apoyarán el desarrollo a largo plazo de actividades innovadoras en el espacio y sus industrias satélite como forma de atraer a Luxemburgo a un sector de alta tecnología que es clave.

A la objeción de que la normativa que aprobó Estados Unidos viola el Tratado Sobre el Espacio Ultraterrestre firmado el 27 de enero de 1967 y que entró en vigor el 10 de octubre de ese mismo año, Schneider responde que esas normas prohíben la apropiación del espacio y los cuerpos celestes, pero no incluyen la apropiación de materiales que se pueden encontrar allí. La situación es equivalente a los derechos de un barco de arrastre en aguas internacionales. Los pescadores poseen los peces que capturan, pero no son propietarios del océano.

Además, según han dicho otros magnates inversionistas en este campo, el objetivo de la minería espacial no es traer a la tierra materiales, sino utilizarlos en la órbita terrestre para construir naves espaciales que en última instancia, serán construidas con fondos públicos y que abrirán el camino a la exploración de Marte.

Bueno, pues nada… queríamos saber en qué se gastan nuestro dinero, ¿no? Lo bueno es que no todo se va en yates lujosos, banquetes, perfumes y ropa cara.

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